Por eso, una de las dudas más frecuentes en consulta es cuándo conviene dar el paso y colocarse un implante. La respuesta, como ocurre con muchos tratamientos médicos, depende de varios factores: el motivo de la pérdida, el estado del hueso, la salud general del paciente y el plan de rehabilitación que se quiera conseguir.
En términos generales, el “mejor momento” suele ser lo antes posible una vez se ha confirmado que el diente no es recuperable y se han controlado las condiciones que podrían complicar la cirugía. Actuar con cierta rapidez puede ayudar a preservar el hueso y a reducir movimientos indeseados de los dientes vecinos. Sin embargo, hay situaciones en las que conviene esperar a que el área cicatrice o a que una infección se resuelva antes de colocar el implante. A continuación, repasamos los escenarios más habituales y qué se valora en cada caso.